Los anillos papales siempre han sido más que un adorno. Conllevan un simbolismo cargado de historia e influencia que, muchas veces, es criticado por contraponer la ostentación del hombre y la austeridad predicada por el evangelio. La pieza de oro que utilizan los papas del Vaticano es conocida como “El anillo del Pescador”, la que desea transmitir la humildad del oficio del primer pontífice a través de una pieza elaborada en 35 gramos de oro macizo de 18 quilates, el cual, dependiendo del flow del papa de turno, puede incluir plata o platino. El anillo se lleva en el dedo anular de la mano derecha.
El modelo que lleva el Papa Francisco actualmente fue diseñado por el orfebre Enrico Manfrini a partir de las pinturas realizadas por Miguel Ángel. Se dibujaron cerca de 200 bocetos para decidir el diseño final del anillo y 8 artesanos trabajaron con Manfrini para dar forma a la joya el anillo a través de la técnica del buril (similar al grabado, pero en metal precioso). Si bien la imagen ha ido cambiando con los siglos, siempre es una referencia a la figura de San Pedro pescando destacando la posesión de sus llaves del mundo de los hombres y las del cielo. Sobre el apóstol se suele hacer una inscripción con el nombre del nuevo Papa a lo largo del borde superior del bisel. Hasta el siglo XV, este anillo se usaba como sello papal en comunicaciones oficiales y críticas.
Cuando un Papa fallece, el Anillo del Pescador se destruye para evitar falsificaciones y garantizar la autenticidad del nuevo anillo que se le entregará al siguiente sumo pontífice. La destrucción la realiza (a brutales martillazos) el camarlengo de la Iglesia Católica (un funcionario cardenal de la corte papal que administra los bienes y los ingresos de la Santa Sede). Cuando un Papa renuncia, como en el caso de Benedicto XVI, el renunciado conserva el anillo como símbolo de su pontificado, pero se le modifica la imagen de San Pedro para que no pueda ser utilizado con fines oficiales.

