Originalmente, el anillo en el dedo meñique tuvo mala fama: los medios popularizaron la idea de que criminales, líderes mafiosos y matones preferían usar un anillo que no afectara el pulso del arma o un enfrentamiento a mano limpia. Sin embargo, sectorialmente, el pinky ring ha sido sinónimo de templanza y delicadeza en el estilo.
Desde el hinduísmo, la importancia de cada dedo también tiene una referencia relevante. En el caso del dedo más chico, se ha asociado místicamente con el elemento agua o, para los griegos, con el planeta Mercurio y el dios del comercio, la comunicación y la elocuencia. La popularidad del anillo del meñique ha ido venciendo los primeros prejuicios en pos de un concepto de elegancia que tiende a su vez al minimalismo y a abandonar otros accesorios como corbatas y relojes como signo de los tiempos.
Ese sincretismo ha evolucionado a proponer la imagen de un hombre con anillos en el meñique como un individuo que cultiva su intelecto o de gran astucia.
Accesorio de empresarios, políticos y otros influyentes se potencian gracias a la decisión de
otros referentes como raperos, deportistas o artistas plásticos que llevan este anillo (o sus combinaciones) con soltura. Más recientemente, fue adoptado por héroes del deporte como Michael B. Jordan o cantantes como Harry Styles para generar un polo de atracción a partir de sus manos.
Diseñadores recomiendan anillos discretos o de piedras ovaladas. También adquieren notoriedad los sellos nobiliarios, con siglas o escudos heráldicos en el meñique que termina siendo el más expuesto de los dedos de ambas manos y al que menos uso se le asigna para experimentar con diversos diseños.

